La suciedad muestra impunemente la dejadez. Las consecuencias de la inseguridad también dejan su marca sórdida: no hay picaportes para abrir las puertas.

La historia decanta varios hitos en los que bienes culturales de una ciudad se deterioran a pesar de que su historia puso en escena a actores y épocas de relevantes. Nos preguntamos si la vieja casona de calle Rivadavia que recuperó y albergó todas las expresiones artísticas de los santafesinos, va por ese sombrío camino.
A nuestra mesa de producción llegaron fotos, preocupaciones y lamentos por el desaliño del pórtico y las in-certezas sobre el futuro de esa querida casa de cultura que un gremio supo recuperar para que los santafesinos nos apropiemos del lugar. También nos llegó la inquietud y desazón de algunos productores locales que al consultar por la sala reciben como respuesta que no se reservan fechas.
Crece la alarma y nos hace preguntarnos porque la casona cultural tan nuestra tomó la senda del abandono. No buscamos culpables, pero si demandamos responsabilidad de quienes dirigen el destino de este espacio cultural tan caro para nuestra ciudad.
Sabemos que nada ni nadie escapa al ajuste libertario, pero también sabemos que, justo porque vienen por todo, es hora de asumir compromisos, abrir puertas – aunque no tengan picaporte- y defender lo nuestro.

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