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El Presidente suspendió su viaje a la cumbre de Asunción tras recibir al candidato de la ultraderecha brasileña, Flávio Bolsonaro, en Olivos. El oficialismo argumenta reordenamientos internos, pero la jugada consolida un giro radical en las alianzas continentales.
La diplomacia de los abrazos ideológicos pesa más que los tratados de integración comercial. El presidente argentino, Javier Milei, sacudió el tablero internacional al cancelar su participación en la Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur que se celebrará en Asunción. La decisión se conoció pocas horas después de haber recibido en la Quinta de Olivos al senador brasileño Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario y principal rival de Luiz Inácio Lula da Silva de cara a los comicios del próximo 4 de octubre en Brasil.
Desde la Casa Rosada intentaron encuadrar el «faltazo» presidencial en razones estrictamente domésticas: el reordenamiento del Gabinete provocado por la reciente renuncia de Manuel Adorni y la necesidad de pulir la gestión junto al ingresante jefe de Gabinete, Diego Santilli, cuya jura está prevista para este martes. En representación del país viajó el canciller Pablo Quirno. Sin embargo, la lectura lineal de los hechos revela una intencionalidad que excede la contingencia de la política interna y se adentra de lleno en una estrategia de confrontación regional.
La diplomacia partidaria sobre la institucional
Al mostrarse activamente junto a Flávio Bolsonaro y publicar en redes oficiales que «se viene la marea azul para Brasil», Milei no solo intervino directamente en la campaña electoral del principal socio comercial de la Argentina, sino que eligió deliberadamente evitar un incómodo cara a cara con Lula da Silva en Paraguay. El vínculo entre Buenos Aires y Brasilia, reducido hoy a una convivencia estrictamente fría e institucional, sufre así una nueva degradación.
Esta conducta no es aislada. Desde Balcarce 50 celebran lo que consideran un cambio de signo político en el continente. La mirada oficialista está puesta en la consolidación de un bloque de derechas que incluye al colombiano Abelardo de la Espriella, a la peruana Keiko Fujimori, al salvadoreño Nayib Bukele y al ecuatoriano Daniel Noboa. El objetivo de máxima del mandatario argentino es posicionarse como el referente doctrinario indiscutido de esta liga conservadora regional, incluso a costa de dinamitar los espacios tradicionales de consenso.
El costo de dejar la silla vacía
La ausencia de Milei en el Mercosur ocurre en un momento crítico para el bloque, que busca definir avances en el tratado de libre comercio con la Unión Europea y acuerdos de asociación económica con Japón, Canadá y Singapur. Al vaciar de jerarquía presidencial la representación argentina, el Gobierno ratifica su desdén por el multilateralismo regional, al que suele etiquetar como un lastre ideológico obsoleto.
Para el pragmatismo económico, la decisión es arriesgada. Argentina necesita imperiosamente ampliar mercados y coordinar políticas aduaneras con sus vecinos. Sin embargo, para la cosmovisión libertaria, las alianzas no se tejen a través de organismos arancelarios, sino mediante afinidades identitarias globales, como lo demuestra también la participación compartida de Milei y Bolsonaro en la Cumbre de los Caucus Parlamentarios de Aliados de Israel en el Hotel Alvear.
En definitiva, la jornada de este lunes evidenció las prioridades de la política exterior argentina: aislamiento institucional en el plano vecinal a cambio de protagonismo estelar en la internacional de derecha. Un juego de altas apuestas donde el Mercosur parece haber quedado reducido a un escenario secundario.
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