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Según el nuevo informe del ODSA-UCA, las transferencias monetarias previenen que 1 de cada 10 niños caiga en la indigencia, aunque no logran cubrir necesidades básicas de aprendizaje, vestimenta y socialización, dejando a más del 42% bajo la línea de pobreza.

Un reciente informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA) reveló que la Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar (TA) son fundamentales para contener la indigencia infantil, la cual pasaría del 9,5% al 16,4% sin estas ayudas. Sin embargo, su impacto para revertir la pobreza estructural es limitado: sin estos programas, la pobreza infantil alcanzaría al 47,8% en 2026, evidenciando que el Estado aún no logra cubrir las necesidades integrales de niños y niñas.
La indigencia infantil bajo control, pero la pobreza estructural persiste
Aunque el pico de crisis ocurrió en 2024, el informe proyecta que para 2026, más de 4 de cada 10 niños y adolescentes (42,5%) seguirán viviendo en hogares pobres. La AUH y la Tarjeta Alimentar explican el 90% del efecto protector frente a la pobreza y casi la totalidad de la contención de la indigencia, demostrando que son el principal sostén ante el hambre, pero insuficientes para superar la brecha de ingresos.
Más allá del plato de comida: las necesidades invisibilizadas
El estudio subraya que las transferencias no alcanzan para cubrir el bienestar integral, analizando graves privaciones no monetarias en la infancia:
- 37,5% de los niños no puede acceder a ropa o calzado nuevo.
- 36,8% presenta dificultades en el aprendizaje escolar.
- 27,3% enfrenta limitaciones para socializar o realizar actividades con amigos.
- 18,1% sufre malestar emocional, ansiedad o tristeza.
El peso de la informalidad y la desigualdad regional
El riesgo de pobreza no es igualitario: la calidad del empleo del adulto a cargo es el factor determinante. Existe una diferencia de más de 50 puntos porcentuales en la tasa de indigencia entre hogares con empleo formal y aquellos con jefes no ocupados. Los hogares monomarentales y los residentes en la región del Noreste Argentino (NEA) son los sectores más vulnerables.
La brecha se mantiene
A pesar de la leve mejora en la capacidad de compra de las transferencias hacia 2026, el informe concluye que quienes siguen siendo pobres están igual de lejos de superar la línea de pobreza que en los peores momentos, lo que refleja una «infantilización» persistente de la pobreza que demanda mayores políticas públicas.
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