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Los proyectos presentados en las últimas horas abren la discusión para modernizar las reglas de juego hacia 2027. Aunque existe acuerdo en blindar la Boleta Única y las PASO, oficialistas y opositores chocan en el diseño de las papeletas y los pisos de representatividad.

La Legislatura santafesina se convirtió esta semana en el epicentro de una discusión estructural que definirá el mapa político de la provincia para las próximas décadas. Con el ingreso formal de cuatro nuevas iniciativas —que se suman a las dos que ya tenían estado parlamentario—, las distintas terminales políticas pusieron sobre la mesa sus propuestas para redactar el primer Código Electoral unificado de Santa Fe. Detrás de los tecnicismos legales se esconde una profunda pulseada de poder: cómo se votará y quiénes sobrevivirán en el tablero político a partir de 2027.
Las semejanzas: el blindaje al modelo santafesino
El primer dato interpretativo que arroja el análisis de los textos es la consolidación del «modelo Santa Fe». A diferencia del escenario nacional, donde el debate suele ser más disruptivo, en el espectro político santafesino —desde el radicalismo hasta el peronismo, pasando por el socialismo— existe un consenso absoluto sobre dos pilares:
- Ratificación de las PASO: Nadie objeta la utilidad de las Elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias como la herramienta legítima para ordenar las internas partidarias.
- Defensa de la Boleta Única de Papel (BUP): El sistema instaurado en 2011 es una marca registrada local. Todas las propuestas descartan de plano la vuelta a la boleta sábana tradicional y defienden el sistema de sufragio por categorías.
Las diferencias clave: el diseño de la boleta y el efecto «arrastre»
El principal punto de discordia radica en cuántas boletas se le entregarán al ciudadano en el cuarto oscuro durante las elecciones generales. Actualmente se vota con cinco boletas independientes (Gobernador, Diputados, Senadores, Intendente y Concejales).
El sector mayoritario de la Unión Cívica Radical (UCR) impulsa una reforma drástica: reducir las cinco boletas a solo dos. Una concentraría las categorías provinciales y la otra las municipales. El argumento oficial es la agilidad y la simplificación del escrutinio.
Sin embargo, desde la oposición y los partidos de menor estructura interpretan esta movida como un intento de reintroducir de manera encubierta la «lista sábana» o el efecto «arrastre». Al unificar categorías en una misma papeleta, los candidatos a Gobernador de alta visibilidad traccionarían directamente a los postulantes legislativos y locales menos conocidos, licuando el voto cruzado que históricamente caracterizó al electorado santafesino.
La batalla por los «pisos» electorales y la supervivencia política
Otra divergencia sustancial se encuentra en los requisitos mínimos para que una fuerza política pueda superar las PASO y competir en las generales.
Mientras que algunas iniciativas buscan elevar el piso electoral para «ordenar» la oferta y evitar la fragmentación de partidos vecinales o unipersonales, sectores de la oposición y partidos medianos advierten que endurecer estos porcentajes atenta contra la pluralidad de voces en los concejos municipales y en la propia Cámara de Diputados.
El factor tiempo: legislar de cara a 2027
La celeridad con la que ingresaron los proyectos responde a una ventana de oportunidad política. Al tratarse de un año no electoral, las fuerzas políticas buscan saldar la discusión técnica lejos de las pasiones de una campaña inmediata. El desafío de los próximos meses será sintetizar estas seis propuestas en un texto único. La rosca legislativa determinará si el futuro Código Electoral simplificará la experiencia del votante o si modificará el equilibrio de fuerzas en favor de las estructuras mayoritarias.
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