El último acuerdo del histórico ministro surgido en el reutemannismo marca el inicio del recambio mayoritario en el máximo tribunal. Con la inminente jura de Diego Maciel, la Casa Gris consolida la reconfiguración judicial que planificó desde el primer día de gestión.
En los pasillos de los Tribunales santafesinos se respiró algo más que el clima habitual de una despedida institucional. La decisión de adelantar para este lunes la acordada que de costumbre se realiza los martes tuvo, puertas afuera, una justificación puramente administrativa: la renuncia de Eduardo Spuler se hace efectiva este 1 de septiembre, después de 26 años en su despacho. Pero detrás del protocolo y de los saludos de rigor, la jornada dejó entrever algo más parecido a un quiebre tectónico en el poder provincial.
La salida de Spuler —el último gran exponente de la arquitectura judicial diseñada en el año 2000, durante la segunda gobernación de Carlos Reutemann— no es apenas un retiro jubilatorio. Es la llave que le permite al gobernador Maximiliano Pullaro terminar de moldear una Corte Suprema a la medida de sus reformas estructurales.
El peso del último voto
El valor de este recambio se entiende mejor si se mira por el espejo retrovisor. En las últimas semanas, la composición que hoy empieza a disolverse le propinó al Ejecutivo provincial reveses sensibles en temas cruciales, como la declaración de inconstitucionalidad sobre los topes de la Ley de Emergencia Previsional.
En esas votaciones, resueltas por la mínima diferencia de un voto, la postura de Spuler funcionó como un dique de contención frente a las pretensiones de la Casa Gris. Su salida altera de inmediato la correlación de fuerzas interna, justo cuando la provincia espera definiciones clave sobre los recursos extraordinarios presentados contra esos fallos.
Maciel y la mayoría del recambio
El próximo viernes 4 de septiembre, el abogado Diego Maciel prestará juramento como nuevo ministro del tribunal. De extracción radical y hombre de estrecha confianza de referentes parlamentarios del oficialismo —entre ellos, Felipe Michlig—, su llegada activa formalmente lo que en el propio gobierno ya definen como un «momento bisagra».
Por primera vez en décadas, los ministros de la «nueva hornada» pasarán a ser mayoría por sobre la integración histórica. Sumado a las incorporaciones previas de Jorge Baclini y Margarita Zabalza, y a la ampliación a un séptimo miembro con Rubén Weder tras la reforma judicial, el tribunal cruza así el ecuador de su fisonomía.
Un diseño de poder a largo plazo
La estrategia de Pullaro para renovar las estructuras judiciales no avanzó de un día para el otro: se construyó con presión institucional sostenida y un diseño legislativo milimétrico. La salida diferida de Spuler —cuya renuncia había sido aceptada a fines del año pasado— fue apenas el prólogo de un recambio que seguirá en los próximos meses, con las vacantes ya proyectadas de otros históricos como Rafael Gutiérrez o Roberto Falistocco.
Para la gestión de Unidos para Cambiar Santa Fe, contar con una Corte en sintonía técnica y generacional es una pieza clave para garantizar la constitucionalidad de su paquete de leyes fiscales, de seguridad y electorales. La foto de Spuler vaciando sus oficinas termina siendo, en definitiva, la imagen de un poder santafesino que cambia de piel y adopta, de manera cada vez más irreversible, el ritmo político que se marca desde la Casa Gris.
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