Un informe de Zuban Córdoba, relevado entre el 16 y el 19 de septiembre, muestra que el rechazo a la gestión presidencial continúa creciendo. Detrás de la tendencia aparece una pérdida de optimismo en los sectores moderados que acompañaron al Gobierno en el balotaje.
El capital político no es un recurso inagotable. El Gobierno nacional empieza a registrar el costo de una recesión que, para buena parte de la sociedad, ya no parece un sacrificio transitorio. El último estudio de Zuban Córdoba, realizado entre el 16 y el 19 de septiembre sobre 2.000 personas mayores de 16 años, indica que la desaprobación a la gestión de Javier Milei continúa en aumento y consolida una brecha negativa respecto del respaldo que el oficialismo obtuvo en el balotaje.
La lectura que se desprende de los datos es que el retroceso no es un hecho aislado: combina expectativas económicas que no se cumplieron con un estilo de confrontación permanente que empieza a cansar. La tolerancia social al ajuste, que el Ejecutivo daba por sentada, muestra signos de fatiga.
Un escenario polarizado con balance negativo
Según la consultora que dirigen Paola Zuban y Gustavo Córdoba, el Gobierno perdió terreno en la construcción del sentido público. El rechazo supera a la aprobación por un margen que ya no se explica solo por el voto opositor.
El núcleo duro del oficialismo se mantiene firme. Los que se están alejando son los moderados e independientes, aquellos que votaron a La Libertad Avanza con la expectativa de una rápida estabilización. La pérdida de apoyo en la clase media y entre los trabajadores sugiere que el impacto de las tarifas, la caída del consumo y el deterioro del poder adquisitivo erosionó a los votantes más volátiles.
El veto y el desgaste del discurso confrontativo
Entre los factores que pueden explicar la aceleración del malestar aparecen el veto a la reforma jubilatoria y la tensión presupuestaria en áreas sensibles como la educación pública y las universidades, temas que movilizan más allá de las identidades partidarias.
La sociedad parece demandar resultados concretos por encima de las batallas culturales. El relato oficial, que justifica los sacrificios de hoy en un bienestar futuro sin fecha, pierde eficacia frente al estancamiento de los ingresos familiares.
Las expectativas económicas
El pesimismo sobre la economía es, según el informe, el principal motor de la caída de la imagen del Gobierno. El control de la inflación sigue siendo un activo valorado, pero ya no alcanza para compensar el temor al desempleo y a la recesión.
Con un porcentaje creciente de la población que evalúa negativamente el rumbo del país, el oficialismo llega al último trimestre del año con un desafío: revertir esa percepción. Si no lo logra, el malestar podría trasladarse a la relación con el Congreso.
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