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En una nueva conmemoración del Día del Periodista, el presidente Javier Milei volvió a elegir las redes sociales para fustigar a la prensa. El contraste con el resto del arco político expone un quiebre en las formas institucionales.

Cada 7 de junio, la Argentina evoca la fundación de La Gazeta de Buenos Ayres por Mariano Moreno, un hito que cruza el nacimiento de la Patria con la necesidad de un canal de expresión libre y transparente. Dos siglos después, la efeméride suele funcionar como un termómetro de la relación entre el poder político y el ejercicio de la prensa. En este 2026, la fecha sirvió para consolidar una preocupante certeza: para la cúspide de la Casa Rosada, el periodismo profesional no es un contrapeso democrático necesario, sino un adversario al que se debe desacreditar sistemáticamente.
Mientras gobernadores, intendentes y referentes de prácticamente todo el arco político opositor y aliado dedicaron la jornada a emitir saludos institucionales y destacar el rol de la prensa en la vida democrática, el presidente Javier Milei optó por el camino opuesto. El mandatario rompió la tradición del saludo formal y utilizó su cuenta de la red social X para repostear un mensaje de fuerte tenor crítico contra la libertad de prensa y la labor de los medios de comunicación.
Un cambio de forma que no altera el fondo
Quienes analizan con lupa la retórica presidencial notaron un detalle no menor: esta vez, Milei evitó utilizar su ya recurrente y violento acrónimo «NOLSALP» («No odiamos lo suficiente a los periodistas»). La ausencia de este insulto institucionalizado, sin embargo, estuvo lejos de constituir un gesto de tregua o de respeto. Al convalidar y multiplicar un contenido que deslegitima el trabajo de los cronistas en su propio día, el Presidente ratificó que la hostilidad hacia la prensa es una política de Estado identitaria para su gestión.
La estrategia de esquivar la agresión directa explícita pero manteniendo el reposteo punzante funciona como una moderación meramente cosmética. El fondo del mensaje sigue siendo el mismo: el silenciamiento de las voces críticas y la construcción de un relato donde cualquier pregunta incómoda o investigación periodística es catalogada automáticamente como una operación o una mentira.
El contraste institucional
La jornada expuso un marcado abismo entre el comportamiento de la Jefatura de Estado y el resto de la dirigencia. Desde diferentes vertientes ideológicas, ministros provinciales, legisladores y líderes sociales reivindicaron al periodismo como una herramienta indispensable para fiscalizar al poder público. Frente a ese consenso republicano, la respuesta del Gobierno nacional fue un absoluto silencio institucional matizado únicamente por los clics presidenciales en redes.
Atacar al mensajero el mismo día en que se celebra su profesión es un síntoma de época. Denota la incomodidad de un poder que prefiere la comunicación unidireccional y sin intermediarios antes que el tamiz del dato verificado y la repregunta. En un contexto social y económico complejo, el periodismo argentino sigue enfrentando desafíos gigantescos; el principal de ellos, curiosamente, proviene del mismo sector que debería garantizar su libre ejercicio sin presiones ni hostigamientos.
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