El reconocimiento como partido distrital que consiguió la agrupación Mesas de Trabajo, que conduce Gerardo Crespi y representa la concejala de Violeta Quiroz no es un papel más: es la señal de que la militancia ya no le pide permiso a nadie

Hay trámites que son solo trámites. Y hay trámites que son terremotos disfrazados de resolución administrativa. El reconocimiento como partido distrital que el Tribunal Electoral le otorgó a Mesas de Trabajo pertenece claramente a la segunda categoría. Detrás de la firma y el sello hay algo mucho más grande: una organización que, después de más de 25 años de trabajo ininterrumpido en los barrios de Santa Fe, decidió que no necesita de nada ni de nadie para pararse en la cancha grande.
Con Gerardo Crespi como cabeza estratégica y Violeta Quiroz como la cara visible puesta en la calle —esa que camina el barrio, no la que lo mira desde una foto de campaña—, el espacio llegó a su mayoría de edad política. Y como toda mayoría de edad, trae una decisión existencial: ¿jugar puertas adentro del Partido Justicialista o volar por cuenta propia?
Más de 25 años caminando los barrios
Durante más de un cuarto de siglo, Mesas de Trabajo fue eso que en la jerga política se llama «motor de base»: el brazo que se planta en los barrios populares de Santa Fe todos los días del año, mientras la dirigencia de escritorio aparece, si aparece, cada dos años con la campaña bajo el brazo. Ese trabajo territorial, constante, silencioso, siempre terminó donde termina casi todo en el peronismo: en las listas del PJ, para que otros se llevaran el rédito.
Pero algo se rompió en la última elección. Mesas de Trabajo no solo puso el cuerpo: puso los votos. Y se llevó dos bancas al Concejo Municipal de Santa Fe, con Quiroz y Jorge Andrés Fernández ocupando las sillas. No fue un premio consuelo ni una concesión de nadie: fue una demostración de que cuando se construye, los votos llegan.
La pregunta que nadie en el PJ quiere responder en voz alta
Ahora que tiene sello propio, Mesas de Trabajo tiene también una decisión que puede reordenar el mapa político de Santa Fe entero. Y hay dos caminos, tan distintos como incómodos para el peronismo tradicional.
- Si se queda adentro: ningún sector interno del PJ le compite en despliegue territorial. Ninguno camina el barrio los 365 días como lo hace esta agrupación. Meterse en una PASO con ese respaldo no es solo competir: es forzar al peronismo de siempre a sentarse a negociar en serio, algo que hasta ahora evitó a fuerza de «candidaturas a dedo» que le costaron caro en las urnas.
- Si se va afuera: significaría nervios y apuros en las oficinas del PJ. Una boleta propia y separada implicaría una fuga de votos históricos, estructurales, de esos que no se recuperan de un día para el otro. Quiroz representa una agenda concreta —seguridad, obras, transporte, lo que la gente pide en la vereda de su casa— de la que el peronismo tradicional se fue alejando de a poco, casi sin darse cuenta. Perder ese territorio sería quedar mucho más débil frente a cualquier oficialismo de turno.
Un partido en crisis mirando de reojo a quien nunca dejó el barrio
Lo que está pasando con Mesas de Trabajo es, en el fondo, un espejo incómodo para el peronismo santafesino. Después de las derrotas de los últimos años, el PJ local no atraviesa una mala racha: atraviesa una crisis de identidad. Le faltan liderazgos claros y le sobra distancia con sus propias bases.
En ese hueco es donde Mesas de Trabajo encontró su lugar, no negociándolo en un café del centro, sino ganándoselo en la calle. Y esa es la gran diferencia: mientras otros arman poder desde el escritorio, ellos lo construyeron caminando.
La conclusión es simple, aunque incómoda para más de uno: hoy, en Santa Fe, la legitimidad política ya no se decreta desde arriba. Se gana con presencia, con gestión y con ese trabajo territorial que no se improvisa. Lo que decida Mesas de Trabajo en los próximos meses —ser el motor que empuja al PJ desde adentro o ser una fuerza que le dispute el poder de igual a igual desde afuera— no es un detalle de color. Es, lisa y llanamente, el arranque de una nueva etapa en la política santafesina.
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